Venus, los regalos y el amor

Anoche culminaron doce días de celebraciones navideñas y de nuevo año en la tradicional Epifanía cristiana, la Noche de Reyes. Han sido días de reuniones familiares, comidas, cenas, en las que también hay algo de compromiso y exigencia, no en vano estas fiestas se producen durante el paso del Sol por el signo de Capricornio. Sobre todo son días en los que se intercambian regalos, una tarea que corresponde al planeta Venus.

Se suele decir que Venus es el planeta del amor. En mi opinión, el amor es algo mucho más amplio y cuya representación no puede dejarse a cargo de un solo planeta. Venus se ocupa, eso sí, de un aspecto muy relevante en cualquier tipo de relación, que se llama reciprocidad.

La reciprocidad es el concepto que engloba el intercambio informal en todas las sociedades humanas, desde el trueque de productos para la subsistencia diaria entre desconocidos, que ha de ser relativamente rápido, hasta el escalafón más informal de todos: el intercambio de regalos entre seres queridos, en el que el ‘retorno’ puede tardar meses o incluso un tiempo indefinido.

En un sentido ideal, un regalo se entrega para producir placer (Venus) y de manera desinteresada. Pero eso último no es del todo verdad. El desinterés no es venusino sino que estaría en la naturaleza del Júpiter más excelso, pero son escasos los ejemplares humanos que vuelan a su altura. Venus no se expresa en esos niveles sino en unos mucho más cotidianos y prosaicos, que para ello es regente de Tauro y de la triplicidad de Tierra en carta diurna. Que Venus sea pragmática no le quita un pelo de importancia en su función en el conjunto astrológico, ya que la reciprocidad mantiene cohesionados los grupos humanos y permite su supervivencia desde que los primeros trogloditas se intercambiaron el primer hueso en señal de amistad o de solidaridad o mejor todavía, en señal de que no se iban a matar entre sí. Digo grupos porque troglodita solo, era troglodita muerto, más o menos como ahora. Volviendo al tema del interés, es que el proceso de maduración de todo humano incluye darse cuenta de que ni si quiera el amor de mamá es incondicional porque es sólo una mujer, humana e imperfecta; pero esa condicionalidad es necesaria, pues es lo que nos proporciona límites necesarios para convertirnos en personas funcionales y soportables.

Y acabo de mencionar algo determinante para entender el intercambio venusino. Ese hueso prehistórico, en manos ya humanas, deja de ser un mero hueso para representar, ser vehículo o símbolo de algo: de una amistad incipiente, de la promesa de una colaboración futura. En resumen: ese hueso es como una extensión de su portador porque lleva la carga de su confianza y ‘aprecio’.

Así, Venus es el planeta que se encarga del intercambio de aprecio, de valor. Con Venus, asignamos un valor personal a los objetos que intercambiamos o, dicho de otro modo, transformamos al alza el valor de un objeto cuando lo manipulamos para entregarlo como muestra de afecto y con ello, revalorizamos también a la persona destinataria. Si en vez de una o varias personas allegadas, el objeto está destinado al gran público anónimo, entonces esa trasformación magico afectiva del objeto se llama arte y suceden cosas como que un vaso medio lleno o medio vacío de agua se ponga a la venta por 20.000 €.

También, por otra vía no menos mágica y con la ayuda de Mercurio, en la antigüedad comenzamos a otorgar un valor especial a especias, minerales y metales para facilitar los intercambios, porque, ¿cómo podemos estar seguros de que este camello vale lo mismo que las tres cabras que le entrego? Con la moneda, esta duda quedó zanjada. Por ello, Venus rige el dinero, aquello que “makes the world go round”, aunque ahora esté desapareciendo físicamente para quedarse sólo en la virtualidad de la imagen en una pantalla (Venus se exalta en Piscis).

Pero el valor ‘personal’ que asignamos a los objetos que vamos a entregar no es verdaderamente personal sino que está ‘tasado’ por la sociedad a la que pertenecemos y sus convenciones. Habitualmente no ‘inventamos’ regalos sino que los extraemos del repositorio de ofrendas colectivo, sobre todo si han salido en la tele. Los regalos que entregamos se basan en todos, todos los intercambios precedentes. A estas alturas de la historia humana, es complicado ser original.

Y Venus, representante del valor y el aprecio, es un planeta constituido por las cualidades de Frío y Humedad. Con la Humedad se vincula con los demás y con el Frío, espera recibir de ellos. Por lo tanto, la premisa de Venus no es dar, sino recibir (rige el signo de Tauro, que representa acumulación). Los que dan son los planetas calientes como el Sol, que irradia carisma y reparte autoestima; Júpiter, el genuinamente generoso, que regala oportunidades para la expansión y Marte, que suele dar mamporros.

Y cuando digo que Venus da sólo para recibir, no es por egoísmo o interés (esencialmente), sino porque es precisamente el equilibrio -no forzado- del intercambio lo que da la medida de la calidad de toda relación. Venus es regente de Libra, signo que representa el equilibrio y la ecuanimidad. La faceta librana permite a Venus calibrar las relaciones y detectar los desequilibrios; la exaltación de Saturno otorga a Libra el tiempo necesario para la compensación. Por ejemplo, dar las gracias cada vez que recibirmos un regalo o un gesto positivo, es una manera de restablecer el equilibro para preservar la reciprocidad. Toda muestra de afecto a través del contacto corporal (Humedad) también supone una entrega de valor y placer venusino; aquí ya no hay objeto sustituto o gesto intermediario sino que los cuerpos asumen completamente la carga afectiva, entrega que requiere intimidad (Frío).

Toda relación se resiente si una parte da más que la otra; si no se restablece el equilibrio, la relación o el pacto puede incluso romperse. Y eso vale también para los colectivos y grupos. Así es como en la carta astral, la Casa VII del matrimonio y los pactos, puede llegar a ser también la de los enemigos declarados.

También se deterioran las relaciones cuando a lo largo del tiempo no se recibe lo que se esperaba recibir. Y es que nuestro Venus particulariza lo que es valioso para nosotros, pero puede no serlo para otra persona. Esto es muy evidente en la diferencia que hay entre los signos ocupados por Venus. Vamos a imaginar un par de intercambios problemáticos (algo exagerados) a causa de los elementos o triplicidades; no olvidemos que una persona es mucho más compleja que la mera posición de Venus en un elemento.

Imaginemos un intercambio entre Venus en signo de Aire (caliente y expresivo) y Venus en signo de Agua (frío y receptivo). Venus/Aire, aunque está atento al otr@, no es sentimental y expresará su aprecio mediante algún elemento que favorezca la comunicación o la información; mejor todavía si es algo divertido. Todo Venus en elemento frío (Agua y Tierra) está especialmente atento a lo que recibe. Venus en Agua espera un intercambio sobre todo sentimental y que haga alguna referencia al pasado vivido en común; al Agua le puede valer un Sugus guardado desde el primer encuentro y probablemente acoja una broma como muestra de poco aprecio o de superficialidad. Al contrario, un regalo cargado de emotividad por parte de Venus/Agua, corre el peligro de ser recibido por Venus/Aire con una broma, a pesar de que el Aire, con su humedad, empatice con la intención.

Otro intercambio problemático puede producirse entre Venus/Fuego y Venus/Tierra. El Fuego quiere expresarse y ser visto, así que puede escenificar demostraciones dramáticas de afecto, con mariachis incluidos. Venus en Tierra, que está especialmente atento a recibir porque para eso está en un elemento de acumulación, no se maneja bien en las situaciones efectistas e improvisadas del Fuego y puede acabar abochornado. Si además, el regalo no tiene un tamaño y peso específicos o no ‘sirve’ para algo en concreto, Venus en Tierra queda desconcertado y sin referentes para ‘valorar’ lo que está recibiendo. Al contrario, Venus/Fuego quiere verse sorprendido, cosa que no conseguirá cuando Venus/Tierra le regale esa bufanda que tanto necesitaba o la plancha más eficiente del mercado.

De todo esto se extrae que la mejor manera de recibir un regalo o una muestra de aprecio es conociendo bien a quien te lo entrega. Y aunque a veces no sepa expresarlo con el regalo adecuado desde su código venusino, quien te ama lo hace precisamente porque te conoce.

¡Feliz Día de Reyes!

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